Yo no quiero sonar más desquiciada de lo que seguramente ya sueno, pero he descubierto en mí conductas que se repiten y que me gustan. Me encuentro sobre la delgada línea que separa lo correcto de lo incorrecto, avanzo un pie, me balanceo, sonrío y regreso.
Claro, que no lo hago sola y ya me salió el miedo lógico de toda chica que en el fondo es buena, ¿les estoy haciendo daño? Creo o quiero creer que no, porque no lo hacen conmigo a ciegas, saben en que vórtice extraño de locura los estoy metiendo, no los he engañado para que tengan esta danza extraña conmigo, lo hacen a sabiendas. Y bajo advertencia no hay engaño, ni opción a reclamo.
Pero, ¿soy yo así? Siempre me he congratulado de ser yo sola siempre, para todo lo malo de mi vida. Lo que me sucedió y lo que me provoqué, siempre estuve sola. Pero estoy acompañada y aunque es divertido las veintitrés horas del día con 59 minutos, ahora que me detengo para respirar me lo cuestiono todo.
Claro que sé que la vida no esta dividida entre personas buenas y malas, que eso también tiene su escala de grises, y como siempre dije yo soy un demonio angelical o un ángel travieso, escoja su mejor opción. Pero, ¿me estaré inclinando más hacia mi lado demoníaco permitiendo que otras personas esten en el límite conmigo?
Ahora, dejando el remordimiento atrás he de decir que en estos días me siento más libre que nunca, por fin después de mucho esperar puedo decir que "estoy bien", aunque no esté haciendo precisamente lo correcto. ¡No importa! Total jamás dije que quería ser santa.
2 de octubre de 2009
5 de septiembre de 2009
Lágrima
Cada que miro atrás sé que no debí hacer ninguna de las cosas que hice ese día, no importa las cosas maravillosas que han resultado de todas las acciones. Me había extralimitado de impulsiva, quería demostrarme que podía ser espontánea y decidí hablarle a un desconocido sentado en una banca en un parque cuaqluiera. Quizá fue que estaba lejos de casa. Demasiado lejos.
Conversar con él se me hizo tan fácil, ninguno de los dos sonrío realmente pero prometimos con solemnidad volvernos a ver al día siguiente. Repetimos esa promesa día con día hasta convertirlos en semanas y meses. Hasta hoy.
Nuestras palabras evolucionaron de la educación a la pasión y de la cortesía al irrefrenable deseo. Sin darnos cuenta nuestras conversaciones asiduas se habían vuelto amor, convirtiendo en cielo todo lo que habitaba a mi alrededor y despertando poco a poco al mounstruo que habitaba, que habita en mí. Era extraño todo, siempre se me había informado que el amor nacía a las caricias y crecía con los besos, se afianzaba con el tacto en los abrazos y ahí estaba yo, enamorándome de sus palabras, perdiéndome siempre en una mirada que no era para mí.
¿Cómo es que me había permitido enamorarme de alguien como Carlos? Estaba demasiado vivo para mí, era además, mucho más dulce de lo que una chica como yo merecía. Quererlo es mirar muy alto y rezar para que él se fije en un punto muy bajo.
- Estás rara hoy Ceci, ¿qué te pasa? —torpemente él intentaba descubrir lo que estaba por hacer.
- Nada, es el frío —contesté aún mas torpe.
Durante meses fuimos cómplices descuidados, sentados en una imparcial banca de parque, incapaces de sacar nuestro romance más allá de los arbustos. Dijo siempre las cosas perfectas para retrasar —sin saberlo— este momento, supo siempre como entregarme las nubes más esponjosas de nuestro cielo creado.
Si pudiera hacerle caso a mis deseos y esperanzas tomaría su rostro entre mis manos y lo besaría por primer vez. Saborearía sus labios como lo que son en mi enferma mente, mi droga no probada. Dejaría mis dedos en libertad para recorrer sus facciones con lentitud tatuándolo en mi memoria.
Le haría el amor sólo besándolo.
- Casi no has dicho nada amor —me dice preocupado mientras mis ojos están clavados en sus labios— ¿estás molesta conmigo?
¿Cómo puede ser tan egoísta de pretender un final feliz con el hombre que tenía alfrente? ¿Cómo pude ser tan inocente de creerme capaz de vencer mi ogro interior?
- No me digas amor.
¡Aléjate de mí! ¡Corre lo más rápido que puedas y olvida la forma de volver a este parque!
Como lo supuse, no entendió mi repentino cambio, ha enfurecido en silencio y ha separado su camino del mío. No tengo porqué quejarme, he sido yo quien lo orilló a todo esto, aunque lo ame. Aunque ver su espalda en este momento alejarse de mí me llene los ojos de lágrimas.
-------------------
¿Cuántas lágrimas tiene un ser humano? Para mí, amar siempre significó lágrimas, amor a Carlo significa sonreír. O al menos lo significaba, ahora he vuelto a las lágrimas.
He vuelto a aquella banca en el parque todos los días con la esperanza de encontrarlo vestido de armadura plateada, dispuesto a matar mi mounstruo interior. No ha vuelto.
De cierta forma me alegra descubrirlo inteligente y precavido, no dejando que yo destruya todo lo hermoso que puede ser. Amará otra vez. Amará otra vez y me olvidará.
O no.
Yo amé antes de amarlo a él. Y no olvidé. Aquel amor creó mi mounstruo y sus recuerdos lo alimentan. Pasé de llorar el daño que me hizo a llorar la impotencia que me dejó. Lágrimas, lágrimas, odio las lágrimas.
- ¿No has pensando en decirle que lo quieres?
Pobre Rosa, cree siempre que soy más valiente de lo que le digo. No puedo decir algo que ya sabes, y no puedo sentenciarlo a ceder su amor a la loca que he resultado ser.
-----------------
- Si me quedo muy callada, aún escucho tu voz —le confesó antes de acobardarse.
- No sé adónde quieres llegar con eso.
- Y si cierro los ojos muy fuerte puedo dibujar tu rostro. Cuando te extraño mucho me acurruco contra las almohadas y aunque estén frías imagino que son tus brazos.
- Basta.
- Tengo miedo de amarte como te amo y es estúpido porque tener miedo no impide que lo haga. Te amo. Tenerte lejos ha sido lo más sano y enfermizo que hice en toda mi vida y no doy más —le grito que más parece jadeo—, ¡no doy más! Sé que seguiré respirando cuando te vayas hoy pero estoy segura que no querré hacerlo.
- ¡Cállate!
Parecía un milagro de nuestro cuelo el que él haya decidido volver una mañana cualquiera a nuestra banca. Yo estaba rogando porque vistiera armadura para mí, aunque no tuviera derecho a pedirlo.
- Te amo —repetí casi en un jadeo.
Y por primera vez en todos esos meses, no respondió que él también lo hacía. Yo necesitaba que un grito rompiera los tímpanos de mi ogro interno e hiciera explotar sus sesos hasta la muerta. Pero sólo hubo silencio.
Super que no me quedaba mucho tiempo de vida, o de algo que se pudiera llamar así. Supe que todos los recuerdos maravillosos con él no tendrían en mismo efecto, que acabarían torturándome y que, irremediablemente, el tatuaje de su rostro en mi memoria no sería suficiente para sacarme una sonrisa.
Y una lágrima cayó por mi mejilla.
Mi cuerpo reaccionó antes que él pudiera verla y lo besé. ¡Qué tonta! Volverme adicta a algo que jamás podré tener. ¡Qué tonta!
Aterrada por lo que había hecho me detuve y me separé. Salí corriendo del lugar a sabiendas de lo débil que resultaban ahora los latidos de mi lastimado corazón.
- Te amo —susurró él.
No era suficiente. Su silencio anteriror había engrandecio mi fobia tragándose a ambos. Un susurro era incapaz de salvarnos. Yo había huido él me había dejado huir.
Lágrimas.
--------------
Aquel parque tan lejano a mi casa me tortura, me recuerda todas las mañanas que lo he perdido, me hace odiar sus flores y los hojas, me hace salir corriendo cuando apenas han pasado dos segundos de haber llegado. Pero me llama insistente en sueños para que vuelva. ¡Maldito parque!
Malditas esperanzas. Yo aún lo espero, yo siempre lo esperaré.
La distancia me ha vuelto valiente, pero la soledad amenaza con volverme de piedra. Lo único humano que queda de mí son mis lágrimas. Las he comenzado a querer como lo quise a él, quizá aún más, no permiten que lo olviden.
Me susurran mientras bajan por mis mejillas que no estaba loca, que él si me quería. Me dan oxígeno, me dicen que un día volverá.
Sé que no es cierto, sé que sólo puedo amarlo en el recuerdo ahora pero es bonito quererlo así.
A veces le escribo cartas, pero no sé donde está y no las puedo enviar. A veces le digo que lo amo, pero sé que está lejos y no me oye.
A veces me vuelvo loca al dormir entre tantas lágrimas, le oigo decir que falta poco, que ya va a venir.
¿lo extraño?
La última lágrima siempre me responde que pronto dejaré de hacerlo, pero no le creo.
Conversar con él se me hizo tan fácil, ninguno de los dos sonrío realmente pero prometimos con solemnidad volvernos a ver al día siguiente. Repetimos esa promesa día con día hasta convertirlos en semanas y meses. Hasta hoy.
Nuestras palabras evolucionaron de la educación a la pasión y de la cortesía al irrefrenable deseo. Sin darnos cuenta nuestras conversaciones asiduas se habían vuelto amor, convirtiendo en cielo todo lo que habitaba a mi alrededor y despertando poco a poco al mounstruo que habitaba, que habita en mí. Era extraño todo, siempre se me había informado que el amor nacía a las caricias y crecía con los besos, se afianzaba con el tacto en los abrazos y ahí estaba yo, enamorándome de sus palabras, perdiéndome siempre en una mirada que no era para mí.
¿Cómo es que me había permitido enamorarme de alguien como Carlos? Estaba demasiado vivo para mí, era además, mucho más dulce de lo que una chica como yo merecía. Quererlo es mirar muy alto y rezar para que él se fije en un punto muy bajo.
- Estás rara hoy Ceci, ¿qué te pasa? —torpemente él intentaba descubrir lo que estaba por hacer.
- Nada, es el frío —contesté aún mas torpe.
Durante meses fuimos cómplices descuidados, sentados en una imparcial banca de parque, incapaces de sacar nuestro romance más allá de los arbustos. Dijo siempre las cosas perfectas para retrasar —sin saberlo— este momento, supo siempre como entregarme las nubes más esponjosas de nuestro cielo creado.
Si pudiera hacerle caso a mis deseos y esperanzas tomaría su rostro entre mis manos y lo besaría por primer vez. Saborearía sus labios como lo que son en mi enferma mente, mi droga no probada. Dejaría mis dedos en libertad para recorrer sus facciones con lentitud tatuándolo en mi memoria.
Le haría el amor sólo besándolo.
- Casi no has dicho nada amor —me dice preocupado mientras mis ojos están clavados en sus labios— ¿estás molesta conmigo?
¿Cómo puede ser tan egoísta de pretender un final feliz con el hombre que tenía alfrente? ¿Cómo pude ser tan inocente de creerme capaz de vencer mi ogro interior?
- No me digas amor.
¡Aléjate de mí! ¡Corre lo más rápido que puedas y olvida la forma de volver a este parque!
Como lo supuse, no entendió mi repentino cambio, ha enfurecido en silencio y ha separado su camino del mío. No tengo porqué quejarme, he sido yo quien lo orilló a todo esto, aunque lo ame. Aunque ver su espalda en este momento alejarse de mí me llene los ojos de lágrimas.
-------------------
¿Cuántas lágrimas tiene un ser humano? Para mí, amar siempre significó lágrimas, amor a Carlo significa sonreír. O al menos lo significaba, ahora he vuelto a las lágrimas.
He vuelto a aquella banca en el parque todos los días con la esperanza de encontrarlo vestido de armadura plateada, dispuesto a matar mi mounstruo interior. No ha vuelto.
De cierta forma me alegra descubrirlo inteligente y precavido, no dejando que yo destruya todo lo hermoso que puede ser. Amará otra vez. Amará otra vez y me olvidará.
O no.
Yo amé antes de amarlo a él. Y no olvidé. Aquel amor creó mi mounstruo y sus recuerdos lo alimentan. Pasé de llorar el daño que me hizo a llorar la impotencia que me dejó. Lágrimas, lágrimas, odio las lágrimas.
- ¿No has pensando en decirle que lo quieres?
Pobre Rosa, cree siempre que soy más valiente de lo que le digo. No puedo decir algo que ya sabes, y no puedo sentenciarlo a ceder su amor a la loca que he resultado ser.
-----------------
- Si me quedo muy callada, aún escucho tu voz —le confesó antes de acobardarse.
- No sé adónde quieres llegar con eso.
- Y si cierro los ojos muy fuerte puedo dibujar tu rostro. Cuando te extraño mucho me acurruco contra las almohadas y aunque estén frías imagino que son tus brazos.
- Basta.
- Tengo miedo de amarte como te amo y es estúpido porque tener miedo no impide que lo haga. Te amo. Tenerte lejos ha sido lo más sano y enfermizo que hice en toda mi vida y no doy más —le grito que más parece jadeo—, ¡no doy más! Sé que seguiré respirando cuando te vayas hoy pero estoy segura que no querré hacerlo.
- ¡Cállate!
Parecía un milagro de nuestro cuelo el que él haya decidido volver una mañana cualquiera a nuestra banca. Yo estaba rogando porque vistiera armadura para mí, aunque no tuviera derecho a pedirlo.
- Te amo —repetí casi en un jadeo.
Y por primera vez en todos esos meses, no respondió que él también lo hacía. Yo necesitaba que un grito rompiera los tímpanos de mi ogro interno e hiciera explotar sus sesos hasta la muerta. Pero sólo hubo silencio.
Super que no me quedaba mucho tiempo de vida, o de algo que se pudiera llamar así. Supe que todos los recuerdos maravillosos con él no tendrían en mismo efecto, que acabarían torturándome y que, irremediablemente, el tatuaje de su rostro en mi memoria no sería suficiente para sacarme una sonrisa.
Y una lágrima cayó por mi mejilla.
Mi cuerpo reaccionó antes que él pudiera verla y lo besé. ¡Qué tonta! Volverme adicta a algo que jamás podré tener. ¡Qué tonta!
Aterrada por lo que había hecho me detuve y me separé. Salí corriendo del lugar a sabiendas de lo débil que resultaban ahora los latidos de mi lastimado corazón.
- Te amo —susurró él.
No era suficiente. Su silencio anteriror había engrandecio mi fobia tragándose a ambos. Un susurro era incapaz de salvarnos. Yo había huido él me había dejado huir.
Lágrimas.
--------------
Aquel parque tan lejano a mi casa me tortura, me recuerda todas las mañanas que lo he perdido, me hace odiar sus flores y los hojas, me hace salir corriendo cuando apenas han pasado dos segundos de haber llegado. Pero me llama insistente en sueños para que vuelva. ¡Maldito parque!
Malditas esperanzas. Yo aún lo espero, yo siempre lo esperaré.
La distancia me ha vuelto valiente, pero la soledad amenaza con volverme de piedra. Lo único humano que queda de mí son mis lágrimas. Las he comenzado a querer como lo quise a él, quizá aún más, no permiten que lo olviden.
Me susurran mientras bajan por mis mejillas que no estaba loca, que él si me quería. Me dan oxígeno, me dicen que un día volverá.
Sé que no es cierto, sé que sólo puedo amarlo en el recuerdo ahora pero es bonito quererlo así.
A veces le escribo cartas, pero no sé donde está y no las puedo enviar. A veces le digo que lo amo, pero sé que está lejos y no me oye.
A veces me vuelvo loca al dormir entre tantas lágrimas, le oigo decir que falta poco, que ya va a venir.
¿lo extraño?
La última lágrima siempre me responde que pronto dejaré de hacerlo, pero no le creo.
4 de septiembre de 2009
Orgullosa
Hace unos días me sentí realmente orgullosa de mí. Y eso sucede, pocas veces. Quizá demasiadas pocas veces. Pero esta vez además de raro fue especial, sucede que soy la peor para expresarme, a pesar de escribir como desquiciada y todo eso. No soy buena para decir lo que quiero decir sin ser malinterpretada y luego de mucho patalear lo dije.
Esa fue la frase que hizo mi día. Cada vez que hablo de mí lo hago de formas variadas, digo que soy buena chica, que soy divertida, que soy hipersensible, que soy fría, que soy sarcástica, que soy voluble, que soy apasionada, que soy maniática. Lo que jamás digo es que no me gusto siempre. Lo que digo siempre es que yo en lugar de personalidad tengo un milshake de emociones, cualidades y defectos.
A quién le guste, bacán; y a quién no ...pues con la pena. Pero a la persona a la que menos le he gustado en el mundo ha sido a mi misma. Y eso esta mal ¬¬'
No digo que tenga que amarme, pero aceptarme sería un buen primer paso.
Entonces conocí a este chico por internet, como casi todas las amistades que he conseguido en los últimos tres años. Y básicamente la conversación fue así:
"Soy yo y con eso encierro mil cosas que no me gustan pero que aguanto"
Esa fue la frase que hizo mi día. Cada vez que hablo de mí lo hago de formas variadas, digo que soy buena chica, que soy divertida, que soy hipersensible, que soy fría, que soy sarcástica, que soy voluble, que soy apasionada, que soy maniática. Lo que jamás digo es que no me gusto siempre. Lo que digo siempre es que yo en lugar de personalidad tengo un milshake de emociones, cualidades y defectos.
A quién le guste, bacán; y a quién no ...pues con la pena. Pero a la persona a la que menos le he gustado en el mundo ha sido a mi misma. Y eso esta mal ¬¬'
No digo que tenga que amarme, pero aceptarme sería un buen primer paso.
Entonces conocí a este chico por internet, como casi todas las amistades que he conseguido en los últimos tres años. Y básicamente la conversación fue así:
Hombre: Y, ¿cómo eres?
Yo: ¿físicamente o emocionalmente?
H: mmm ¿físicamente?
Y: Horrible, tengo tres ojos y dos bocas. No te gustaría.
H: jajaja como hablas así de ti, que mala.
Y: es la verdad.
H: bueno, ¿y cómo es tu personalidad?
Y: Un desastre, soy temperamental, desordenada, molestosa, sarcástica y últimamente hasta antisocial.
H: que baja autoestima tienes.
Y: No, no dije que tuviera baja autoestima.
H: pero hablas muy mal de ti.
Y: Puede ser, pero soy honesta y lo reconozco, no me vendo de algo que no soy.
H: ya pero es raro que primero digas tus defectos.
Y: ¡Ves! Ahí está el problema, yo no dije que fueran defectos. No salí de una fábrica, son debilidades de mi personalidad, pero no son defectos.
H: no te entiendo.
Y: Soy yo y con eso encierro mil cosas que no me gustan pero que aguanto.
H: si no te gustan ¿por qué no las cambias?
Y: Porque dejaría de ser yo.
H: pero te hacen una mala persona.
Y: Yo no soy una mala persona. Soy humana.
H: Deberías cambiarlas, te sentirías mejor contigo misma.
Y: Si las cambiara, dejaría de ser yo y me volvería una más del montón. Me gusta ser única.
H: Eres rara.
Y: No eres el primero que lo dice.
Y luego conversamos cinco minutos más, tuvo que irse. No se ha vuelto a conectar, pero como sea, me dio el momento orgulloso del mes. Soy rara y tengo cosas que nadie entiende, ni siquiera yo. Cosas que me enfadan de mi y que me encantaría quitármelas como quien se extirpa un riñón pero, estoy tan acostumbrada a ciertos detalles de mí que no sé si podría vivir sin ellos.
Hace mucho no me aceptaba. Se siente bien. Debería intentarlo más a menudo.
Hace mucho no me aceptaba. Se siente bien. Debería intentarlo más a menudo.
8 de agosto de 2009
Se extraña...
Se extraña que sea sábado por la noche y este sacada de quicio porque mis amigos tienen por bandera la impuntualidad y no saben diferenciar "un minuto tarde" a "una hora tarde". Cuando por fin llegan me encuentran que a pesar de todo el tiempo extra aún no decidí que color de labial ponerme que combine perfecto con la cinta de la camiseta que casi no se ve ...se extraña.
Extraño no saber si ponerme falda corta para que Miguel me vea las piernas o usar la camiseta escotada para que Pablo se ponga de ojos locos.
Se extrañan las noches dónde sólo importaba llegar el lunes a decir con quién hubo un buen beso, magreo y todo el rollo ...esquivar la resaca dominical y decir: ¡Genial, tengo hígado de hierro!
Ahora todo es complicado, hay que ver si el tipo te quiere, que no lo lastimes, que no te lastime, no vestirse muy puta porque no te toman en serio ...no vestirse muy seria porque quieres ser puta por una noche.
Con todo lo que se extraña de un sábado por la noche sin ser humana ...dejé de salir los sábados.
Extraño no saber si ponerme falda corta para que Miguel me vea las piernas o usar la camiseta escotada para que Pablo se ponga de ojos locos.
Se extrañan las noches dónde sólo importaba llegar el lunes a decir con quién hubo un buen beso, magreo y todo el rollo ...esquivar la resaca dominical y decir: ¡Genial, tengo hígado de hierro!
Ahora todo es complicado, hay que ver si el tipo te quiere, que no lo lastimes, que no te lastime, no vestirse muy puta porque no te toman en serio ...no vestirse muy seria porque quieres ser puta por una noche.
Con todo lo que se extraña de un sábado por la noche sin ser humana ...dejé de salir los sábados.
2 de agosto de 2009
Irrelevante
Me pregunto muchas veces qué tanto quería yo a mis amigos de colegio. En el salón éramos cuarenta y dos alman, doce chicas y treinta chicos, lo sé, para nada equilibrado. Me sabía los nombres completos de todos, sabía los teléfonos de más de la mitad y en mi slam (cuaderno de preguntas) habían firmado todos con algo lindo que decir de mí. Sólo discutí con una de ellas en tercero de secundaria al punto de jalarnos de las greñas y dejé de hablar con mi "mejor amiga" durante casi dos semanas en quinto.
Ahora cuando nos juntamos para reuniones apenas llegamos a ser quince y creánme, estoy exagerando. Quedamos apenas tres chicas, a veces cuatro. Eso si, sé que los que tengo seguirán a mi lado siempre y que recordaré a los que casi no veo con mucho cariño por todas las risas que me regalaron y provocaron durante los tres años que conviví casi a diario con ellos.
La línea donde ponía a mis mejores amigos nunca me alcanzaba y para mí todos tenían algo positivo en sus personalidades. Salí hace seis años de ahí y en mi msn actual apenas tengo a ocho del cole. ¡Extraño el cole! Además del clásico "todo era más fácil", también esta el hecho de sentirme acompañada físicamente siempre. Esperar con ansias el recreo de quince minutos para decirle al novio de mi amiga que la esperé a la hora de salida, esperar al segundo para saber la respuesta.
¿Qué tanto se quiere a un amigo que pasa de ser una costumbre diaria a alguien que habita sólo en recuerdos? ¿Por qué un amigo se vuelve un recuerdo? ¿De cuántos amigos míos seré yo un recuerdo? ¿De cuántos amigos dejé de ser un recuerdo?
Definitivamente yo no sirvo para querer, todo se me complica, el amor, la amistad, pffff
Mi mayor y más secreto temor se está materializando sin que me dé cuenta. Me estoy convirtiendo en una página no tan importante del libro de la vida de muchos, y en algunos casos estoy segura que ni a párrafo llego. Lo sé, suena demasiado egocentrista esperar que el mundo me amé y punto.
Quizá algo especial tenga este Domingo que me haga sentir así de irrelevante. ¿Cuántos de mi amigos de cole realmente me querían? ¿Cuántos de los que llamo amigos me quieren?
Seguramente los que crea que sí dirán que no, y gente que a veces ni tomo en cuenta dirán que sí. Porque claro, la vida es experta en ironías e injusticias. Cosas que no tienen buena balanza.
Ahora cuando nos juntamos para reuniones apenas llegamos a ser quince y creánme, estoy exagerando. Quedamos apenas tres chicas, a veces cuatro. Eso si, sé que los que tengo seguirán a mi lado siempre y que recordaré a los que casi no veo con mucho cariño por todas las risas que me regalaron y provocaron durante los tres años que conviví casi a diario con ellos.
La línea donde ponía a mis mejores amigos nunca me alcanzaba y para mí todos tenían algo positivo en sus personalidades. Salí hace seis años de ahí y en mi msn actual apenas tengo a ocho del cole. ¡Extraño el cole! Además del clásico "todo era más fácil", también esta el hecho de sentirme acompañada físicamente siempre. Esperar con ansias el recreo de quince minutos para decirle al novio de mi amiga que la esperé a la hora de salida, esperar al segundo para saber la respuesta.
¿Qué tanto se quiere a un amigo que pasa de ser una costumbre diaria a alguien que habita sólo en recuerdos? ¿Por qué un amigo se vuelve un recuerdo? ¿De cuántos amigos míos seré yo un recuerdo? ¿De cuántos amigos dejé de ser un recuerdo?
Definitivamente yo no sirvo para querer, todo se me complica, el amor, la amistad, pffff
Mi mayor y más secreto temor se está materializando sin que me dé cuenta. Me estoy convirtiendo en una página no tan importante del libro de la vida de muchos, y en algunos casos estoy segura que ni a párrafo llego. Lo sé, suena demasiado egocentrista esperar que el mundo me amé y punto.
Quizá algo especial tenga este Domingo que me haga sentir así de irrelevante. ¿Cuántos de mi amigos de cole realmente me querían? ¿Cuántos de los que llamo amigos me quieren?
Seguramente los que crea que sí dirán que no, y gente que a veces ni tomo en cuenta dirán que sí. Porque claro, la vida es experta en ironías e injusticias. Cosas que no tienen buena balanza.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)