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14 de mayo de 2013

Sonríe


Sonríe, está bien, por ahora. No te preocupes, para el momento que escribo esto, ya no duele —tanto—. Y más que no preocuparte, da gracias; cuando escribo con rabia, no me detiene ni la feminidad, ni el “francés”, ni la empatía de género…quizá simplemente sea que no quiero sentirme culpable luego.

El camino que hoy recorres, yo ya lo pasé no hace mucho tiempo y por eso —¡Si, claro! ¡Sólo por eso!—…duele. Pero un poco más a la larga, como ahora, da un poco de satisfacción, porque sé que…como yo, no va a durar.

Esas palabras que hoy usa contigo, un día las usó conmigo, los mismos tonos, las mismas frases, el mismo estilo, y es tan poco creativo, que incluso comienza a usar las mismas canciones que un día cantó a mi lado. Esas, esas son las cosas que dolieron, las cosas que afectaron. Podría ser más cruel y exponerlo a viva voz y con detalles; deberías dar las gracias que demoré en escribir y voy quitando un poco el veneno.

Cualquiera que sean tus besos, los míos fueron primeros, no lo sorprenderás en nada, te faltan meses de práctica para conocer sus formas, sus manías…sus ganas. Y cuando llegues a sus sábanas —si llegas a sus sábanas—, le vas a divertir, yo sé que sí, pero que sepas…en su piel, aún lleva mi perfume. Que sea cual sea el camino que tus manos marquen… YO lo marqué primero.

Que muchas de las manías de cama que te gustaran de él…las aprendimos juntos. Se las enseñé yo, me las enseñó él.

Sonríe, como yo sonrío, no por superficial o por venganza, ni siquiera por despecho. Sonríe porque cuando hayas hecho todo, todo, todo, todo lo que puedas con él —todo lo que yo ya hice—…tendrás todo, todo, todo, todo lo que tengo dentro, te habrá dejado y posiblemente pensando algo similar a lo que yo he escrito.

Sonríe por el recuerdo de un futuro que yo te descubro en el presente.

1 de mayo de 2013

Sueño de ser mujer


Sentía el placer que me producían sus húmedos labios sobre la desnuda piel de mis hombros y temblaba bajo su inminente deseo ...las sensaciones más que presentes eran innegables. 

Momentos más tarde todo acabó con las blancas yemas de mis dedos presionando los espacios justo de su espalda, un tímido jadeo y un beso perdido, tambaleando, casi desesperado sobre mis labios. No había en el mundo verdad más verdadera ni descubrimiento más descubierto ...yo era enteramente suya. 


Pero la mañana siguiente me desperté siendo una niña aún ante sus ojos, sus labios se prohibían confirmar la certeza de la noche anterior como si aquello fuera sacrilegio, de nada valieron mis caricias ni mis manos andantes que querían continuar el camino marcado con anterioridad; él seguía llenándome de besos en la frente y deliciosas frutas en mis labios. 


¿Era tan mountroso desearlo como lo deseaba? ¿Por qué era tan horrible para él la idea de qué yo no pudiera controlar mi pasión? Hoy mi cabeza ni mi corazón tenían cabida para nada más que él, ni siquiera los pensamientos se atrevían a cruzar por mi mente, sólo eran mis manos y mis labios los gobernadores absolutos de mi comportamiento. 


Sólo quería memorizar centímetro a centímetro la perfección de su ser, gritarle con cada beso lo suya que me quería sentir, lo dispuesta que estaba a convertirme en su piel. 


Pero mientras yo me descubría mujer y hembra para él... 


...él me encerraba en una niñez eterna. 


Una niñez que yo ya no deseaba tener, no si él estaba a mi lado.